Gohaninengland


164 días después
7 enero 2010, 20:56
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Un despertar tenso, con sobresalto. La alarma del teléfono móvil había estado sonando incansablemente durante un buen rato y sin embargo fue incapaz de recordar en que momento decidió apagarla para, de una vez por todas, rendirse y caer en un profundo sueño. Se estiró perezosamente y observó, con cierta preocupación, cómo la débil luz del sol se colaba por la rendija de la ventana. Sin duda era tarde. El día terminaba ahí fuera y él ni siquiera había salido de la cama. Se lo recriminó a si mismo en un fugaz reproche, aunque no demasiado duro.

Aún medio dormido tanteó torpemente la superficie de la mesilla de noche en busca del móvil para comprobar cuánto tiempo se había quedado dormido desde la última vez que apagó la maldita alarma. Afortunadamente habían pasado sólo cincuenta minutos. No era extraño que en circunstancias similares hubieran pasado varias horas, llegando incluso a despertar bien entrada la noche. Una sensación de alivio le recorrió el cuerpo. No tenía porqué, pese a todo no llegaba tarde a ningún sitio, no tenía compromisos, y nadie le esperaba. Bueno, casi nadie.

Lo que más le molestaba de trabajar por las noches era lo fácilmente que a uno se le escapaba el día durmiendo a pierna suelta y sin horario, acostándose con los primeros rayos de sol y despertando cuando la ciudad empieza a dormir. Todo un día desperdiciado, un reparador desperdicio al mismo tiempo. Saltó de la cama y se puso la primera camiseta que encontró por el suelo. Estaba arrugada y desprendía un fuerte olor a tabaco, a juergas pasadas, pero no le importó. Seguramente esa camiseta tuvo que sobrevivir días atrás a una larga noche, una de esas que suelen acabar de día.

Un gélido frío otoñal  inundó todas y cada una de las estancias de su pequeño apartamento; por la ventana recién abierta se colaba el griterío de los niños que acababan de salir del colegio, pudo distinguir a uno de ellos pidiendo escandalosamente la merienda a su madre mientras ésta le recriminaba que no gritase, que no estaba sorda. Junto al vocerío de la calle, el microondas rompía la calma reinante hasta aquel momento, después, el ritual de todos los días: cereales, cigarrillo, una ducha… Había algo de aquella rutina que le seducía y que al mismo tiempo le contrariaba, se sentía a gusto con la sensación de control que ejercía sobre su vida pero no le gustaba estancarse en un mismo y repetitivo día a día. Algo similar a lo que sentía con su recién estrenada libertad.

Ahora vivía solo, aunque hasta hace no demasiado compartió casa, cama y responsabilidades con otra persona. La relación no funcionaba desde hacía tiempo y en el último periodo llegaron a comportarse como extraños que apenas se conocen, aunque lo que sucedía realmente era que se conocían demasiado bien, y eso desgasta si no se está hecho el uno para el otro. Donde antes hubo pasión, amor y cariño, hoy sólo quedaba un poso de distante indiferencia. Amargo y frío final.

Mientras terminaba el austero desayuno, compuesto únicamente de leche con azúcar y galletas, iba dándole vueltas a la conveniencia de presentarse o no en la fiesta de despedida que su ex había organizado aquella noche, ya que en pocos días, ella volvería a su ciudad de origen para dar por fin carpetazo a esa etapa de su vida, una etapa marcada a fuego por la relación que mantuvieron. Un SMS recibido unos días atrás hacía las veces de invitación, sin duda le supuso una sorpresa recibirlo, aunque lo impersonal del mensaje dejaba claro que no había sido escrito pensando en él. Después de como había terminado su último encuentro con ella, lleno de reproches y puyas, parecía una buena manera de despedirse y poner algo de paz de por medio. 

La noche había caído en la ciudad y del alboroto de los niños ya no quedaba nada, si acaso algún coche todavía desafiaba la calma que poco a poco iban tomando las calles. Los días cada vez eran más cortos y fríos, señal de que el invierno se echaba encima.

Había planeado acercarse a saludar y no pasar demasiado tiempo allí. Aquella casa había sido suya, de ellos dos más bien, hace no tanto, y volver allí iba a ser un mal trago. Se recostó perezoso en el sofá mientras apuraba el cigarrillo y las ideas de como salir de aquella sin sufrir demasiado. Empezó a recordar el verano y se sonrió. No había sido especialmente intenso, pero no hay duda de que estuvo lleno de algunos buenos momentos. Fue recapitulando, echando la vista atrás, recordando pasajes de la primavera, de la ruptura, imágenes de la mudanza. Un sentimiento de tristeza y melancolía le invadió. Se recostó un poco más en el sofá. Los recuerdos pasaban inconexos por la moviola de su cabeza. Tan solo habían pasado unos meses, pero se asustó al ver lo lejano que parecía todo ya.

Sintió un nudo en la garganta. Últimamente la echaba de menos. Sus caricias, un beso, su sonrisa, su ropa tirada por la habitación… Se sintió arrepentido de muchas cosas, de muchos errores, le sucedía a menudo. Tenía ganas de llorar, llorar por lo solo que se sentía, pero ni siquiera las lágrimas querían acompañarle en ese momento. Se veía la persona más sola del mundo, se veía muriendo viejo y solo. Decidió que no iba asistir a la despedida. Sabía que aquello sería tomado como un gesto de cobardía por su parte, que llegado el momento incluso se lo podrían reprochar, pero le daba exactamente igual, no quería hacerse más daño.

Y allí se quedó, hastiado e impotente, esperando que la penitencia terminase cuanto antes mientras se ahogaba en el pozo cada vez más. Pero de repente ocurrió algo. Recordó que existía una válvula de escape, una válvula que tiempo atrás le sirvió para enfrentarse cara a cara con sus fantasmas. Como uno de esos amigos que nunca te falla. Dudó si era lo más adecuado, pero se convenció de que no tenía nada que perder por intentarlo. También sería una buena oportunidad para redimirse por el abandono sin previo aviso, y una forma de responder a los que le animaron a continuar. Sí, definitivamente lo iba a hacer.

Se despojó de la manta, se levantó del sofá en que parecía haber estado durante horas y se dirigió, todavía con ojos vidriosos pero con energías renovadas, al escritorio donde descansaba su ordenador portátil. Lo encendió y unos segundos segundos después y tras varios clicks de ratón allí estaba. Habían pasado casi cinco meses, pero todo seguía como lo dejó la última vez. Un montón de recuerdos se agolparon; respiró profundamente. Apagó el móvil, se abrió una cerveza y encendió el penúltimo cigarrillo. Acto seguido pinchó en “Crear nueva entrada” y empezó a escribir este post.

P.D. Gracias a los que me habéis animado a seguir, a los que esperabais algo más de este blog, y a los que todavía no habéis borrado el feed. Feliz dosmildiez.



¿Y tú? ¿Realmente lo diste todo?
27 julio 2009, 22:44
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Hace unos meses hablando en la barra de un bar sobre peluqueros y lo difícil que es que salgas contento con el resultado, me recomendaron una peluquería. Me contaba mi amigo que no es la típica peluquería que estamos acostumbrados a ver, con sus chonis, cotilleos y olor a laca, que esta en concreto era algo especial, diferente, pero que realmente merecía la pena darle una oportunidad ya que cortaban muy bien el pelo y además era barata. Llevo viviendo en el mismo sitio desde hace 2 dos años y cada vez que a tocado he probado una diferente, sin llegar a conseguir el resultado deseado en ninguna de ellas, desde franquicias Marco Aldany hasta salones de belleza de lo más casposo y tradicional. El problema puede ser que no admito de una vez por todas que no soy uno de esos guapos modelos que exhiben corte de pelo a la moda y nunca lo seré, pero ese es otro tema.

El caso es que acepté la recomendación, y a la tarde siguiente busqué el sitio según las indicaciones que mi amigo me dio. Al llegar a la puerta casi me doy media vuelta creyendo que aquello no podía ser una peluquería, o que mi amigo me había tomado el pelo (¿que bien traído verdad?). Imagina un local con un aspecto exterior a caballo entre un destartalado locutorio y una tienda de alimentación de las de toda la vida, de las que casi no quedan, pero con algún que otro póster descolorido por el sol de modelos con peinados algo pasados de moda en el escaparate. Era un local muy pequeño, y de no ser por la puerta que en ese momento se encontraba abierta cualquiera diría que estaba abandonado. Me abrí paso retirando con la mano la cortina de mimbre que protegía el interior de miradas curiosas y descubrí que efectivamente allí se cortaba el pelo a la gente, o al menos eso parecía. El local era todavía más pequeño de lo que parecía por fuera, había sólo un lavabo para lavar cabezas, cuatro viejas sillas contra la pared a modo de sala de espera y una única silla de peluquería frente al espejo principal, todo esto con el tamaño del salón de estar de un piso estándar. Parecía como si la noche anterior le hubiesen dado una patada a la puerta y alguien hubiera decidido que iba a montar allí su negocio, o eso o que el dueño y único peluquero que allí había fuese un fanático de la decoración austera basada en el mobiliario de la URSS en los años 50. Llegué a la rápida conclusión de que si sólo había una silla y un espejo, los clientes pasarían de uno en uno ¿alguien dijo multitarea?

Saludé y pregunté al tipo de las tijeras si habría que esperar mucho para que me esquilasen, me contestó que unos 20 minutos, que me podía sentar mientras tanto en alguna silla. Fue lo que hice, y me puse a leer una de las pocas revistas que había desperdigadas por allí, era de coches y tenía varios años, un clásico en todas las peluquerías como el que te digan que tienes que esperar 20 minutos y al final acaben siendo 45. En un viejo radiocassette sonaba la banda sonora de Amelie como fondo, lo que unido a lo austero y sencillo de la decoración le daba a aquel lugar un carisma y una personalidad propia, era como participar de extra en una producción de cine italiano de los 70. El peluquero al cargo del chiringuito era lo más alejado del estereotipo de peluquero común. Unos 40 y tantos años, para empezar no era ni gay ni medio amanerado (no todos tienen porque serlo desde luego, pero ya se sabe como son los tópicos), hablaba sin tapujos y con desparpajo tanto de fútbol, como de mujeres, como de drogas y juergas que se había corrido o tenía en proyecto. Pero sobre todas las cosas lo que aquel hombre transmitía era una gran seguridad en si mismo, una gran sinceridad y un sentido del humor muy especial, muy educado pero al mismo tiempo mordaz e inteligente, con un punto de ironía que resultaba letal. No me voy a enrollar mucho, sólo decir que me lo pasé pipa tanto el tiempo que estuve de espera sentado y me reí mucho, con especial reseña al momento en el que entró un colega suyo y dejó inmediatamente de cortar el pelo a la persona que tenía allí para empezar a pegarse (en broma) y a darse cabezazos mientras gruñían como si fuesen jugadores de fútbol americano en pleno ataque de testosterona, me quedé con la boca abierta, y me reí mucho porque es lo que suelo hacer yo con mis colegas también cuando nos da por ponernos cariñosos. Ah, y el pelo me lo cortó muy bien, lo dejó exactamente como yo quería. Además su estilo de trabajo era muy metódico, perfeccionista y limpio, rápido y enérgico pero sutil y delicado al mismo tiempo. Era la viva imagen de Edward Scissorhands cuando se ponía en faena. Tan contento salí de allí que decidí que aquella iba a ser a partir de ese momento mi peluquería elegida en próximas ocasiones.

Esta tarde, unos meses después, tocó volver a mi cita con la tijera y el secador. Estaba sentado en una de las viejas sillas otra vez mientras ojeaba la misma vieja revista de coches, cuando sin poder evitarlo he empezado a pegar la oreja a la conversación que tenía lugar delante mío entre el peluquero y su cliente. Al parecer se conocían de antes, pero por la conversación se deducía que hacía bastante tiempo que no se veían. El cliente le comentaba que estaba pasando por una mala etapa de su vida, que ya no tenía ilusión en lo que hacía y que se encontraba sin fuerzas para afrontar el día a día, además su mujer había fracasado en un pequeño negocio que abrieron recientemente, en el cual debieron invertir todo lo que tenían. Al margen de las deudas económicas, lo que más le preocupaba era el pesimismo que envolvía su vida desde hacía unos meses, una dinámica perdedora y deprimente, sentía que había cometido demasiados errores a lo largo de su vida, los cuales no iba a poder enmendar, y cuando había sido necesario dar el 120% no lo había hecho, para su frustración. Nuestro peluquero empezó entonces a animarle diciéndole que no se tenía que preocupar, que todos pasamos por esas crisis cuando llegamos a cierta edad, y que aunque hayamos llegado muy lejos, siempre tendremos la duda de si llegado el momento realmente lo dimos todo, o no. Aquello me llamó la atención y me hizo reflexionar, siempre me han gustado las historias  de perdedores que intentan luchar contra su mala fortuna y fracasan una y otra vez en su empeño, lo que les hace aún más entrañables. Pero aquello era una duda, una reflexión que indefectiblemente todos hemos tenido, tenemos y tendremos al llegar a la madurez. ¿Realmente lo dimos todo? ¿Realmente somos conscientes de que vida sólo hay una? ¿Es esta la vida que merecemos en base a nuestro sacrificio?

A menudo tengo la sensación de que vivimos demasiado enfrascados en la rutina del día a día, concentrados en llegar a las obligaciones diarias, ser unas personas dóciles, no meternos en líos y cumplir con nuestros horarios, sean cuales sean, dejando para el día siguiente proyectos a medio o largo plazo por los que daríamos todo lo mejor de nosotros mismos. Y todo eso sin parar en algunos momentos a pensar en qué sentido tiene cumplir con nuestro puesto de pequeño engranaje dentro de la sociedad, qué estamos construyendo y porqué, así como qué dejamos de lado, en que nos concentramos y gastamos nuestras fuerzas a diario y en que nos gustaría hacerlo. Naturalmente a lo largo de nuestra vida habremos dejado pasar oportunidades, oportunidades desperdiciadas que cuando pasen los años recordaremos con melancolía, pensando en lo que pudo ser, y por supuesto no fue.



Observación
25 julio 2009, 06:09
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Acabo de observar, a través de una situación sin aparente importancia, que la vida puede llegar ser tan deprimente como uno se proponga. Es desalentador ver a personas que viven en un continuo estado de desazón y enfado con el resto de la humanidad, muchas veces provocado por nimiedades sin importancia, nada les alegra y no ven más allá, o quizá perdieron la ilusión por encontrar algo a la hora de mirar. Y mientras tanto, dejan de lado las cosas verdaderamente importantes, esos pequeños detalles que proporcionan la felicidad, las metas, los desafíos y las personas que te quieren, las que disfrutan con tu sola presencia. Quizá estén cansados de luchar contra la corriente y simplemente han decidido dejarse llevar.



¿Viene a sellar el paro? Vaya a la mesa 4 por favor.
10 julio 2009, 03:05
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Se plantea una interesante incógnita para estos meses de verano y el desenlace puede coger desprevenido hasta al más pintado. Hoy voy a escribir sobre mi trabajo. En los últimos días hemos estado a punto de echar el cierre tras varios años de opulencia y derroche total en el complejo turístico donde trabajo. Cuando todo esto se empezó a construir y remodelar en 2001 el pelotazo inmobiliario estaba asomando por el horizonte, los pisos empezaban multiplicar su valor cada pocos meses y los bancos soltaban créditos presentando solamente el DNI. Aquello eran buenos tiempos diría Paco, pero todo lo que sube baja y no se tardaría demasiado en comprobarlo. No voy a aburrir con frías cifras, pero os aseguro que lo que se invirtió por aquí multiplicaría varias veces el presupuesto del Madrid de Florentino, y eso es mucho según dicen. Como el cuento de la hormiga y la cigarra, en tiempos de abundancia se podría haber ahorrado y optimizado el gasto, se podrían haber aprovechado bien aquellos recursos ilimitados para crear una sólida base de negocio sobre la que crecer, pero entonces no hubiera sido tan divertido pensarán seguramente las decenas de directivos chupópteros sin escrúpulos que estuvieron al mando.

En enero de 2008 éramos unas 615 personas trabajando aquí, más otras 800 aproximadamente construyendo mastodónticos nuevos edificios a 1632 metros de altitud. El proyecto era ilusionante e impresionante a partes iguales, todo construido por arquitectos de renombre, restaurantes asesorados por estrellas de la cocina, centros deportivos dirigidos por figuras consagradas del deporte, ambiente elitista, exclusividad en el trato, etc. Aquello parecía el proyecto que por fin colocase al Balneario de Panticosa en el lugar que nunca debería haber abandonado, la élite. Un negocio redondo en todos los sentidos, extrañaba incluso que nadie se hubiese dado cuenta antes. Durante bastante tiempo se trajeron autobuses enteros de trabajadores extranjeros para la contratación, polacos y colombianos en su mayoría, ya que con la población natural del valle no llegaba ni para empezar y se necesitaban muchos camareros, cocineros, masajistas, recepcionistas, contables, mantenimiento, limpieza, seguridad, recursos humanos, camareras de pisos, directores, y un largo etcétera. Nos incorporaban a todos en puestos donde ya no se necesitaba más gente, el único requisito era tener dos brazos y dos piernas, si cumplías, te ponían el contrato sobre la mesa y a funcionar. Si me hubiesen dicho que las intenciones del jefe eran las de formar un ejército e invadir la península desde los pirineos hasta Melilla, lo hubiese creído, por lo menos gente había de sobra para hacerlo. 

Si sobraba personal, cosa habitual, se creaban nuevos departamentos y puestos de trabajo surgidos de la nada, y por supuesto, para nada. En el departamento de compras todo lo que se necesitase tenía que cumplir una sola norma para ser aceptado, tenía que ser lo más caro del mercado. Así se derrochó sin talento en sillas de 400€ cada una, en colocar orquídeas y demás flores frescas en todas las esquinas semanalmente, en lápices de grafito, en sábanas de lino, en gastar miles de euros semanales para abastecer las cámaras de tres restaurante de lujo a los que nadie iba, bueno sí, miento, sólo iban los directivos, por supuesto by the face faltaría más. Y así pasamos felices los días en aquel agujero negro financiero de alta montaña, gastando y gastando mientras que las ganancias no llegaban ni para cubrir la mitad de las nóminas. Hasta que de repente llegó la crisis, ¿han oído hablar de ella?

Hoy en julio de 2009, año y medio y un expediente de regulación después somos unos 125 trabajadores en total, ofreciendo los mismos servicios por supuesto, no se vayan a pensar. Las faraónicas obras están paradas desde hace un año, por falta de liquidez y deudas. Los principales proveedores no nos venden ni refrescos por las deudas que justamente nos reclaman. A principios de junio y tras un retraso a la hora de cobrar, lo que algunos veíamos venir sucedió, y nos convocaron en una reunión para contárnoslo. Nos dijeron varias cosas, que la empresa estaba muy mal económicamente, que quizá no cobrásemos ninguna nómina más y ya no hablemos de finiquitos e indemnizaciones, y que a finales de ese mismo mes echarían el cierre a todo el complejo (tres hoteles, un casino, un campo de golf y un balneario gigantesco recién inaugurado, sin contar las obras). ¿Me estás diciendo que el mes que viene estamos TODOS en la calle y no vamos a cobrar? Eso parecía, y encima era lunes. Las caras de todos nosotros eran un poema, aunque viendo el modelo de negocio imperante era previsible. El final de junio llegaba, nos pagaron muy tarde la nómina de mayo, pero nos pagaron, y cuando faltaban escasos cuatro días para terminar el mes seguíamos sin ninguna noticia referente a nosotros, lo que viene siendo los trabajadores y tal (Eeeooo… ¿alguien se acuerda de nosotros…?). Seguíamos trabajando igual sí, ofreciendo nuestra mejor sonrisa al cliente, pero nadie nos comunicaba absolutamente nada y el mal rollo se palpaba en el ambiente.

Finalmente el final de junio llegó y se nos convocó para otra reunión, se recomendaba llevar palomitas, la cosa prometía. Un tipo que hablaba en nombre de la empresa nos comunicó que en principio y contra lo anteriormente dicho, se iba a continuar trabajando hasta finales de agosto, dos meses más. Era una pequeña alegría, dos meses más de trabajo, aunque a más de uno le sentó bastante mal debido a que ya había estado planeando sus vacaciones de verano contando con la irrisoria indemnización que nos corresponde, incluso se mostraban indignados, ver para creer. En este país siempre ha habido catetos, nada nuevo. Lo que también nos dijeron era que existía una posibilidad razonable de que hubiese retrasos en los pagos de nóminas, pero nada serio, unos pocos días solamente. Pues bien, hoy es diez de julio y todavía no hemos cobrado mire usted, haber como se le explica al banco que los pagos pendientes no van a poder ser abonados a tiempo porque tu empresa está en bancarrota y no entra en sus planes pagarte. Y así seguimos, trabajando, sonriendo al cliente y siendo profesionales, aunque a algunos cada vez se nos hace más complicado la verdad.

Si me despiden me joderá como es normal, pero dentro de lo malo dispongo del máximo de paro acumulado, ninguna deuda importante por liquidar, unos padres que confío me ayudarán  en lo que me haga falta y todo un futuro por delante. Bien diferente es el caso de todos aquellos compañeros y familias que metidas hasta el cuello con una hipoteca, con niños pequeños y con los ambos sueldos viniendo del mismo lugar, se van a quedar en la puta calle. Y no se quedan en la puta calle por razones de fuerza mayor, se quedan allí porque en su día hubo toda una serie de directivos, completos inútiles, a los que lo último que les preocupó fue el bien de la empresa o su viabilidad. Para ellos lo único importante fue llenarse los bolsillos de sus caros trajes con dinero, hacer currículum y vivir el momento sin tomar una sola decisión acertada. Y no es demagogia, yo estuve allí y lo vi con mis propios ojos, lo prometo. Jamás observe mayor número situaciones kafkianas y absurdas en tan corto espacio de tiempo. Aquello era el despropósito infinito como forma de vida. En el lado opuesto tenemos a toda esta gente que hoy por la mañana madrugará y con la legaña pegada al ojo vendrá a trabajar un día más, sabiendo que quizá no cobre ni un euro por su trabajo. Al fin y al cabo, otra miserable historia más de obreros y empresarios.

 ACTUALIZADO

Me acabo de dar cuenta de que este es el post 100. Que alegría, que alboroto…



Pequeños grandes logros
8 julio 2009, 04:57
Filed under: Personal

Pues ya está, conseguido, misión cumplida. Ya tengo mi Graduado de Secundaria. No voy a decir que haya sido difícil ni que haya supuesto un esfuerzo titánico porque mentiría, bueno, más bien sería una falta de respeto hacia la verdad. Ha pasado rápido, parece que haya sido cosa de unas pocas semanas, aunque un análisis en perspectiva indica que han sido casi nueve meses. Nueve largos meses en los que las dudas asaltan. ¿Qué coño pinto yo aquí? ¿Estaré perdiendo el tiempo? ¿Realmente vale la pena todo esto? Pese a ser preguntas recurrentes a lo largo del curso, cada vez tenían menos peso y su importancia se iba diluyendo poco a poco. Ahora resulta evidente que todo aquello tenía sentido, por supuesto que no fue una pérdida de tiempo. Se trataba solamente de afrontar el desafío.

Como si de una escalera imaginaria se tratase, este habría sido tan solo un escalón. Y no uno precisamente sin importancia, sino el primer escalón. El que rompe con todos los miedos e ideas preconcebidas, el que te libera de ataduras y te enseña la medida para no dar un traspié en los siguientes. Está claro que no va a ser un camino de rosas, que habrá manchas de aceite y cáscaras de plátano en los próximos escalones puestas a propósito para que resbales. Mejor estar atento.

Lo expliqué un poco por encima en aquel post. No se trata ya de llegar lejos, no se trata de lo que otras personas esperen de ti o de lo que tu propia familia espere de ti, se trata de lo que tú esperes de ti mismo. Se trata simplemente de superación, de inquietud, de hambre por aprender y por conocer tus propios límites y capacidades, se trata de perseguir tus sueños con la confianza del que se sabe capaz de alcanzarlos. Incluso a pesar de que tengo conocidos que desde un primer momento me recomendaron que lo dejase, así, abiertamente. Según ellos la educación en este país no sirve absolutamente para nada, una completa estupidez dicen. Su teoría es que vale más empezar desde abajo en cualquier otro sitio e ir aprendiendo un oficio, esperar pacientemente los ascensos y los aumentos de responsabilidad, para conseguir finalmente una cómoda posición dentro del organigrama que te permita una vida cómoda (que no desahogada) y algún caprichito de vez en cuando. Para ellos lo de dedicarte a lo que te gusta es secundario, prescindible en la mayoría de los casos, utópico.

Comprendo que el modelo de educación no sea el ideal, pero es el que tenemos, para bien o para mal. O te adaptas a él y le sacas provecho, o lo tachas de estupidez y te pones a otra cosa.

Creo firmemente que en este mundo hay varios tipos de personas y/o mentalidades: unos serían los que aceptan resignados su futuro, agachan la cabeza e intentan pasar por la vida sin hacer demasiado ruido, aunque su vida les repugne se justificarán con un es lo que hay, buscarán un trabajo que les garantice un mínimo nivel de vida, que les permita entrar en una asfixiante rutina hasta el fin de sus días y olvidarán que una vez soñaron con una vida mejor. Otros se dan cuenta de que el sistema está mal organizado, que es injusto y carece de sentido, su elección será luchar de frente contra él, desde la base, haciendo gala de unos firmes valores y anhelando una revolución que para su desgracia nunca llegará, son como los del primer ejemplo pero con ese puntito antisistema, al final acabarán igual solo que más descontentos si cabe, yo me podría incluir en este grupo hasta hace unos años. Por último hay gente que pese a conocer las carencias y defectos del sistema se adaptan a él, sin que ello implique una prostitución ideológica, buscan los fallos y los explotan en su beneficio, aceptan el juego porque de resultar ganadores habrá merecido la pena, y si todo se va a la mierda por lo menos lo habrán intentado, conocerán un poco mejor sus límites y capacidades después de todo.

La ambición es un arma de doble filo, en su justa medida te ayuda a conseguir lo que te propongas, pero en exceso te puede hundir, reduciendo tu persona a una triste caricatura de lo que un día fuiste. Sin ambición nunca lo hubiera logrado, espero que siga a mi lado para próximas aventuras y nunca me traicione.

Comprendo que pese a ser un título educativo obligatorio (todo el mundo debería tenerlo), el mérito de cara a la galería sea casi anecdótico, pero mirándolo en perspectiva ha sido un gran triunfo personal. Cuando empecé ni siquiera yo tenía fe en mí mismo, me veía como con tantas otras cosas que he empezado con ilusión y he acabado dejando por dejadez. Pero esta vez fue diferente, confiaba en mí a pies juntillas y sabía que lo lograría, y realmente fue la primera vez que me planteé algo tan en serio, era ahora o nunca. Sin duda es la vez en la que más orgulloso me he sentido de mí mismo. Ha sido un pequeño gran logro, y ha sido sólo el principio.



In memoriam
26 junio 2009, 02:13
Filed under: Música

Imagino que a todos, quien más quien menos,  nos ha impactado la noticia. Un poco de música antes de que empiecen las ostias por la herencia.



Vaya, ya ha pasado un año…
21 junio 2009, 23:33
Filed under: Internet, Personal

Tenía dos opciones: poner la típica foto de tarta de cumpleaños con una vela o escribir un post peñazo. Los que paren de vez en cuando por aquí ya imaginarán la opción escogida…

Realmente ocurrió el pasado 16 de junio, pero me he acordado súbitamente esta tarde. Es curioso, debe de haber una relación directa entre tener una resaca antológica y recordar fechas importantes, porque sólo en domingo me acuerdo de los cumpleaños, las citas y demás efemérides reseñables, curioso e inquietante a partes iguales. Sigamos.

Hace ya un año que este blog fue parido, en difíciles circunstancias todo hay que decirlo. Un año y medio leyendo otros blogs provocó que me empezase a hacer preguntas a mi mismo. ¿Y si creo un blog? Naaa, no funcionaría, hace falta constancia, hay que saber escribir y sobre hay que tener cosas que contar, mejor que lo hagan otros. Pero poco a poco la idea fue madurando, de vez en cuando incluso visitaba la página de wordpress y rellenaba la mitad del formulario para crear uno, pero siempre acababa desechando la idea, faltaba poco sí, pero todavía no me había convencido a mi mismo de poder acometer con garantías semejante desafío a la vagueza (que me caracteriza).

Hasta que llegó el día en el que me decidí, no fue difícil, no dolió. Cuando uno empieza un blog, y más uno como este de tipo personal,  no sabe muy bien hacia donde va, te sientes un poco perdido. Eres consciente de que has abierto una pequeña ventana hacia tu mundo interior, una ventana en la que muchos se asomarán a cotillear, otros si hay suerte incluso te dejarán su opinión escrita en una incorpórea nota electrónica debajo del felpudo. En tu mano queda ahora decidir hasta donde vas a dejar entrar a la gente a husmear en el. Fantaseaba con miles de visitas diarias, premios al blog revelación del año o incluso de la década, centenares de comentarios, fama, fiestas en la mansión Playboy con Enrique Dans y demás gilipolleces. Pero pronto vendría el choque con la realidad. Si dicen que la fama cuesta, las visitas ni te cuento.

Los primeros post son más bien lamentables, es normal, es el peaje que hay que pagar por aprender, no hay que preocuparse. Desde junio hasta diciembre  fue algo muy experimental e irregular, pero había algo en esos (poquísimos) correos que llegaban anunciando un nuevo comentario que te provocaba un gran subidón y una satisfacción, a partes iguales también. Pero seguía faltando algo, algo que me hiciese sentir realmente orgulloso de lo que escribía y a la vez me animase a seguir haciéndolo. Un día, buscando la fórmula definitiva,  reflexioné y me pregunté a mi mismo ¿Cuales son los post que más te gusta leer en otros blogs? La conclusión fue que amaba los post personales, esos que vas degustando poco a poco mientras lees, ni muy cortos ni exageradamente largos, pero sobre todo sinceros, y a ser posible con chicha. No había más que hablar, acababa de sentar las bases sobre las que construir a partir de ese momento.

La nueva política de publicación comenzó, y llegaron post más trabajados, íntimos y personales. Con ellos también llegaron las visitas y los comentaristas, porque si algo nos gusta por encima de todo es cotillear y conocer detalles de la vida de otros. Pero sobre todo, llegó la satisfacción del trabajo bien hecho y de descubrir el escenario en el que me sentía más cómodo a la hora de escribir. Al poco el análisis en aprendeseducción, que fue el primer reconocimiento de verdad hasta ese momento, y en parte culpable de que haya seguido escribiendo porque sin el apoyo mostrado hubiese habido muchas probabilidades de flaquear y dejarlo todo en aquellos momentos de duda y desgana.

Y llegamos a la época actual, en la que ya no me pongo metas para escribir, si hay inspiración se escribe, si no, no. En esta evolución lenta y segura he ido eliminando progresivamente el uso de videos incrustados e imágenes en los post, dando importancia y prioridad al texto por encima de cualquier otra cosa. El estilo y la forma de hacer las cosas sólo se definen a base de probar y probar, después el tiempo va poniendo las cosas en sus sitio, y no se suele equivocar. Sobre todo quiero agradecer a los comentaristas, habituales o no, porque la vuestra es una labor en dos direcciones, primero por añadir debate, aportar opinión y datos, y segundo porque animáis al que escribe a no defraudar ni abandonar. Mis más sinceras gracias por seguir ahí.

Por último y para terminar con este post de cumpleaños/repaso/retrospectiva/agradecimientos, una curiosidad, este es el post que más visitas recibe con increíble diferencia desde que empecé con esto, con palabras clave del tipo fotolog de chicos guapos sin camisa, chicas sexis follando y chicas fotolog muy sexys, y que demuestra una vez más que “internet is for porn”. Hasta el año que viene.