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En mi trabajo siempre hay una persona de turno, ya sea de mañana, tarde o noches. Pues resulta que esta noche estaba trabajando el compañero que probablemente más se exceda en el uso de los ordenadores del trabajo, y cuando hablo de excederse hablo de descargas masivas, instalación de programas no aprobados por el informático (ninguno está aprobado excepto la mierda que él instala), conexiones con su casa a través de VNC, etc. Ni que decir tiene que el casi-extinto departamento de informática (eran 3 y echaron a 2 a la puta calle hace 2 meses) le lleva mucho tiempo siguiendo de cerca los pasos. Saben que hace lo que le da la gana con los equipos y además ya le han amenazado con sanciones pero parece que ni se inmuta.
En el curro ninguno somos unos santos, el que no mira Hotmail está con Tuenti o Facebook. Yo de hecho mantengo este blog desde trabajo y me bajo algún capítulo que otro si la ocasión lo requiere ya que no tenemos capado Internet Explorer. El caso es que nos habíamos relajado tanto entre todos que ya teníamos instalado el jDownloader para meter paquetes de Rapidshare a cascoporro, también teníamos VLC y Quicktime para ver alguna película durante los turnos de noche, Google Chrome, un cliente FTP y alguna cosilla más que se me olvida.
Y por fin pasó lo que tenía que pasar. Esta mañana al llegar al hotel a las 8:00 a.m. me he sorprendido al ver tan temprano al informático de la empresa pegadito a nuestra recepción como esperando algo, humm… mala señal ya para empezar. Podía ser casualidad porque lleva unos días merodeando por nuestros puestos de trabajo teóricamente ocupado en otras cosas, pero aquello ya no pintaba bien. Y efectivamente, en cuanto me he acercado un poco por allí nos ha dicho textualmente “ayer estuve mirando este ordenador (el de la recepción), y quité algunas cosas”. Tragamos saliva, ya sabíamos lo que venía después…
Tras esta lapidaria frase empieza el sermón sobre lo terminantemente prohibido que está instalar software en esos ordenadores, sobre que se ha encontrado muchas cosas que no le han gustado nada (sic), imagino que se refiere a Google Chrome porque jDownloader no ha sido descubierto de momento, nos ha advertido de que estamos siendo vigilados (nada nuevo), de que nos controlan las llamadas externas que hacemos (huuuu que miedo…), y de que la próxima vez que vea algo irregular en nuestros ordenadores corremos riesgo de graves sanciones e incluso de despido directo (lo de siempre vamos).
Lo que más me ha dolido de esta redada (y me ha dolido mucho) ha sido quedarme sin mi Google Chrome con todas mis contraseñas, favoritos y cookies, y al que sólo yo tenía acceso ya que el icono de acceso estaba muy bien escondido y camuflado. Pero ha sido imposible conservarlo una vez descubierto.
De nada ha servido el argumentar en nuestra defensa que no hacemos daño a nadie usando Google Chrome o Firefox en lugar de IE7. En todo caso la navegación es más segura para la empresa. Pero da igual, no atiende a razones, no lo saques de Outlook, Office y Explorer porque todo lo demás son programas malvados dispuestos a hacer saltar por los aires todo el hotel. Pero tampoco se lo tengo en cuenta, al fin y al cabo nuestro informático es un tipo entrañable y se le ve buen tío, es sólo que a veces se cabrea porque ve que hacemos lo que nos sale de ahí con o sin su permiso. En ocasiones se siente ninguneado, es normal.
Ahora lo que toca es durante unos días no hacer tanto lo que nos de la gana y cuando se calmen las cosas, que por supuesto se calmarán, vuelta a la normalidad. Hay que volver a organizar toda la infraestructura desde la base (esto parece una célula de Al-Qaeda ya) y llevará su tiempo.
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Música para gente joven, comúnmente asociada a estereotipos de adolescente inculto, maleducado, irresponsable y desorientado. Ropa exageradamente ancha. Música agresiva e incómoda. Lenguaje soez y callejero. Rapero igual a gente chunga. Los raperos son unos cerrados a otras músicas. Es una movida que nació en EEUU y que aquí no pinta nada. Eso es sólo pose. Egocentrismo sonoro. Incitador de conductas políticamente incorrectas. Moda. Conjunto de chulerías sin sentido. Eso no es música, ¿donde están los instrumentos? Pero si no cantan, ¡sólo hablan!
Llevo unos diez años escuchando rap. He tenido que oír estupideces como las de arriba desde el principio de los tiempos, y sinceramente, ya me resbalan. Mucha gente tiene muy asumido el cliché de que los raperos son gente chula, flipada, que no deben recibir ningún tipo de elogio ni apoyo porque su música en realidad no es música. El rap es a la época actual en la que vivimos lo que el punk fue a los 80, o el rock a los 70. Una música con mensaje, revolucionaria, incómoda, políticamente incorrecta, pero sobre todo nuestra. No de nuestros padres, ellos ya tuvieron sus movimientos musicales. Es nuestra y representa nuestro día a día.
Me entristece cuando se siguen asociando los clichés de toda la vida al rap actual. Yo no visto ancho ni llevo una gorra de lado, y por eso muchos pre-adolescentes que acaban de escuchar el disco de Porta se creen los amos de su barrio ayudando a que nunca se tome en serio al movimiento. Muchos de los que me conocen poco jamás dirían que mi colección de rap español supera los 500 álbumes o que he visto a muchos grandes sobre el escenario (bueno, menos de los que me gustaría). El aficionado a esta música es indetectable hoy en día porque la gente a la que le gusta el rap desde siempre ha crecido y ha madurado.
El problema siempre ha sido la falta de credibilidad. El rap en este país fuera de los círculos más puristas es visto como un producto o como una moda pasajera. Algo importado de América y forzosamente adaptado. Sin ningún mérito porque simplemente es una copia de lo que allí se hace. Cuando en realidad en España y en Francia puedo asegurar que se hace el mejor rap de Europa, el más serio y el más cuidado, así como de los más admirados fuera de nuestras fronteras. Es cierto que todo nació en EEUU, al igual que el rock, o el punk en Gran Bretaña, pero seguro que nadie acusa a Miguel Ríos de americanizado por considerarse un rockero de la vieja escuela ya que esta asimilado tras el paso de tantos años. Con el rap pasará igual, sólo hay que darle tiempo al tiempo.
Durante los aproximadamente veinte años se ha asistido a varios amagos de boom comercial dentro del mundillo. Se ha visto ascender a muchos grupos y solistas, todo ello sin prostituirse al dinero ni a la fama, simplemente haciendo las cosas bien. Hemos visto como poco a poco se ganaba credibilidad entre los viejos dinosaurios musicales del país con algunas colaboraciones. Muchos raperos ya se han colado en las listas con fines serios que diría Lírico de Doble V. El rap en España ya no es cosa de niños y la última demostración ha sido la del Langui, integrante de La Excepción, ganando dos premios Goya este año con su buen hacer y dejando bien clarito durante su discurso de agradecimiento que el hip-hop está aquí y no se va a ir a ninguna parte.
La crisis de la industria discográfica beneficia a la escena hip-hop y al resto de los géneros también, premiando los buenos directos por encima de retocados discos de estudio donde todo esta calculado al milímetro, ya que en el escenario es donde se demuestran las cosas. La escena está más viva que nunca y ya no se trata de ser el más anticomercial, ni el más radical, ni el que más vende. Los raperos americanos con sus colgantes de oro y sus coches deportivos no nos representan aquí, nuestro día a día es bien diferente por tanto el rap debe serlo también. No se trata de ser ya el más chungo del lugar, se trata de hacer música y letras de calidad, y de momento vamos por el buen camino.
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Ahí va una idea un poco a lo Miguel Noguera que he tenido mientras veía a un cliente del hotel fanfarronear de que a él la crisis se la traía al pairo.
Un señor joven (a partir de ahora señor1) está en un lavadero de coches de la periferia en una soleada tarde lavando su precioso deportivo nuevo de color ocre cuando se encuentran con otro señor (señor2), al que conocía previamente ya que reside en su mismo vecindario. Ambos señores se ponen a hablar entre ellos simulando un estado de euforia palpable, como si el hecho de haberse encontrado ambos en un punto tan remoto y alejado de los lugares donde hacen su vida normalmente fuese motivo de alegría. Los dos señores se intercambian halagos y piropos sobre lo guapos que son y lo esbeltos que aparentan estar. De pronto el señor1 es preguntado por su homólogo del otro bando acerca de su trayectoria en el mundo empresarial. El señor1 encaja con maestría y pundonor la pregunta y al verse en una situación cómoda empieza a fanfarronear y presumir de que las cosas le van fantásticamente bien y que el negocio no puede sino ir a mejor mientras apoya suavemente su trasero en el lateral del deportivo ocre, incluso comenta que recientemente ha adquirido el nuevo deportivo de color ocre para distinguirse del resto de sus vecinos y dejar así de alguna manera bien patente la superioridad y bonanza económica que presume atravesar. El señor2 se ve súbitamente ante la inevitable obligación de contraatacar al señor1 con sus progresos en el mundo empresarial para no quedar como un segundón ante el señor1 (paradójico de todos modos ya que le conocemos como el señor2) y sobre todo ante el resto del vecindario que aunque no les están escuchando ya que se encuentran solos en el lavadero es como si estuviesen observándoles en una imaginarias gradas construidas para la ocasión. El señor2 mediante aspavientos y carcajadas hace saber de su excelente momento económico y reitera una y otra vez que está fantásticamente bien situado social y económicamente. Lo repite y hace tanto hincapié en su fantástico estado actual que llega a irritar al señor1 que se va viendo cada vez más ninguneado por las fanfarronadas y los aires de superioridad del señor2. La imparable escalada de tensión entre ambos señores y su lucha sin cuartel por conseguir quedar como ser el señor más fantástico del universo deriva en un acalorado intercambio de puñaladas traperas y elogios hipócritas que se alarga más allá de la madrugada. A los 4 días un diario gratuito de tirada nacional publica en portada que se hallan los cuerpos sin vida de 2 personas muertas por deshidratación en un lavadero de coches de la periferia, añade el periodista que desde hace unos meses vivían completamente bajo el acoso de los bancos debido a sus elevadas deudas hipotecarias. La autopsia reveló que murieron de sed al no poder dejar ni un momento de intentar demostrar su superioridad económica el uno sobre el otro. Al parecer no se dieron un respiro estos pobres diablos ni para parar a beber agua.
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*****ATENCIÓN SPOILERS*****
Algo se muere en el alma cuando una serie se va. Y tras volver del puente tenía pendiente ver el desenlace de Battlestar Galactica. Tras varios intentos de descargar el capítulo en formato HD 720p (los putos links no funcionaban), finalmente lo conseguí. En total 2,2Gb (una season finale merece HD) para explicarnos el final de la serie, el final de la aventura, el final de todo. Y no me decepcionó.
Los últimos capítulos estaban siendo algo flojos, tramas baratas, chascarrillos amorosos, filosofía cylon trasnochada. No sé como explicarlo pero me temía que el final iba a ser una mierda como una catedral. Menos mal que estaba equivocado. Me da pena cuando una serie se termina, pero prefiero un buen final a un alargamiento inútil.
Parece mentira pero en la hora y media que dura da tiempo a que sucedan muchas cosas. Con una nave destartalada el rescate de Hera parecía un suicidio colectivo más que una misión de rescate. Pero amigos, a William Adama no le pisa los planes ni dios (y mucho menos una civilización de robots). Tras saltar con la nave al meollo cylon empieza lo bueno.
La batalla final contra los cylon malotes es sublime, acción y destrucción a raudales con unos efectos especiales más propios de superproducción hollywoodiense, recordándome incluso por momentos la intensa entrada de las máquinas en Zión (Matrix Revolutions), sólo que intercambiando los papeles con los humanos en esta ocasión.
Tras la tormenta siempre llega la calma. Es momento de cerrar los círculos y mostrarnos la vida que llevarán los integrantes de la casi extinta raza humana el resto de sus vidas. El descanso se lo tienen bien merecido.
El final deja todas las tramas cerradas, algo casi milagroso porque había bastante por explicar hasta la semana pasada. Todas las piezas encajan y cada oveja se queda definitivamente con su pareja. Momentos de triste alegría protagonizan la segunda parte del capítulo.
Si por algo va a ser recordada esta serie es por mostrar lo mejor y lo peor del ser humano. Las relaciones entre la tripulación y entre los cylons son una demostración gráfica de lo que seríamos capaces de hacer las personas por codicia, interés, mezquindad, vanidad, amor o solidaridad por nombrar algunas.
No quiero desvelar detalles importantes de la trama por si no lo habéis visto todavía, o tenéis en proyecto el ver la serie. Lo que sí quiero destacar son los tres últimos minutos de la serie, manda huevos que lo mejor después de casi cien capítulos sean los últimos minutos. Son simplemente geniales, una demostración de ironía y una reflexión para el futuro que todos deberíamos hacer.
P.D Cómo mola terminar un post y que al pasarle el corrector ortográfico no tenga ni un fallo.
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Pues sí, me voy de mega-puente y no voy a publicar nada hasta por lo menos el miércoles. Va a haber de todo, desde montaña hasta playa, desde pueblo a ciudad. Así que nada, los que también os vayáis por ahí pasadlo bien, y los que no pues… ya tocará otro día!
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Se lanzó a la venta el 3 de marzo, pero hasta el día de hoy he estado dándole tiempo, descubriéndolo, disfrutándolo, explorando cada una de las 33 (!) canciones que lo componen. Y el veredicto es inamovible. Discazo.
3 años sin sacar nada habían hecho que el sindrome de abstinencia se apoderase de mi. Desde el enorme “La división de la victoria” del que ya hablé un poco, ha sido un largo periodo sin saber nada de ellos. Se iban filtrando noticias de que andaban metidos en algo, algo grande por lo que decían. Y vaya que si era grande.
Doble disco en edición lujo-de-la-ostia para demostrar que no se la han estado rascando durante todo este tiempo. 33 canciones temazos uno detrás de otro. Y no estamos hablando de temas de relleno ni interludios al uso, no, hablamos de temas muy trabajados, y eso se nota.
Bases oscuras y siniestras marca de la casa, pero con un ritmo distinto, más dinámico y pegadizo. Letras duras y punzantes, llegando a ser hirientes, como siempre, dando una vuelca de tuerca al universo propio que ellos crearon y en el que sólo ellos se saben desenvolver tan bien.
Siempre he pensado que habría que crear un nuevo género para catalogar su música, y ese sería el horrorcore. Ya dije que este grupo no es para gente que se inicia en el rap, lo normal es que si no escuchas esta música a menudo este grupo no te guste nada, pero nada nada. Es un rollo que requiere una escucha tranquila y atenta. Es como la cerveza cuando eres un niño, al principio amarga, pero luego le cojes el punto y te va gustando cada vez más.
Pensaba poner el videoclip oficial, pero no me gusta demasiado el tema escogido para el vídeo. He decidido que será mejor la que para mi es una de las joyas del disco, el tema “Te voy a hundir”, genuino y representativo del rap que hacen estos cracks. La espera desde luego ha merecido la pena, ahora a disfrutarlo.
Bueno, el segundo meme de la corta historia de este blog, y otra vez vía EnGeneral.net (¿es que nadie más se acuerda de mi? Joooo…). Esta vez se trata de contar un poco como fue la experiencia de publicar el primer post. Pues fue extraño pero bueno, siempre hay una primera vez para todo.
He sido una persona siempre interesada en el mundillo tecnológico, el típico enteradillo de la cuadrilla en muchas ocasiones, y el consejero al que le puedes llorar con tus problemas sobre virus, eMules y demás tópicos informáticos. En mi caso llegué relativamente tarde a esto de los blogs, hacia principios de 2007 empecé a darme cuenta en la diferencia que había entre las webs de toda la vida, y esas páginas donde se podía dejar comentarios. Unos meses después era rutina consultar a diario una serie de blogs que me gustaban bastante, el descubrimiento de Google Reader lo potenció, lo típico vamos.
Pasado un tiempo me dije “Si ellos pueden, yo también” Y así la idea de crear un blog fue madurando en mi inquieta cabecita. Intenté crear uno con Blogger, pero la interfaz de usuario literalmente apestaba. Me desanimé por unos días. A la semana siguiente día me envalentoné y decidí darle a la idea una segunda oportunidad. Visité la página de wordpress y aluciné con la facilidad de uso, estuve un rato toqueteando todo, explorando las posibilidades. Era julio de 2008 cuando publiqué mi primer post.
Al principio no tenía claro de que iba a escribir (imagino que como todos al principio), y eso se puede comprobar al consultar las entradas previas a diciembre, irregulares, saltando de tema en tema y con poco o nulo interés para cualquiera que se pasase por aquí entonces. Más o menos como ahora pero sin esperanza de que alguien escribiese un comentario vamos.
Y así fue como este blog fue parido en un lejano servidor de alojamiento de cuyo nombre prefiero no recordar, bueno va no se donde se aloja realmente la verdad. Les enculo paso este meme a Nesta, a Gordi y a .Undermind a ver que se cuentan.
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Viene de la parte 1.
Mis amigos se sorprendieron mucho cuando les comuniqué la noticia, entre mis amistades este tipo de movimientos no eran muy comunes. La algunos no lo entendían, otros se cabrearon conmigo, pero la mayoría lo aceptó y me desearon suerte. Lo más común los siguientes días era escuchar lo que les gustaría a ellos hacer lo mismo, pero al mismo tiempo me decían que les faltaban pelotas para dar el paso. Nada nuevo bajo el sol.
La familia me apoyó en todo momento, al fin y al cabo en casa siempre hemos sido bastante abiertos de mente, y una jugada así se veía como algo positivo. Me di cuenta de que es realmente difícil hacer una maleta para seis meses. Hay que meter en ella todo lo necesario, todo lo imprescindible, tu vida en veinticinco kilos de peso. Una persona normal habría preparado minuciosamente una lista de lo necesario, pero yo la hice la misma mañana de ir al aeropuerto, con dos cojones.
Los días previos al viaje pasaron rápido, fueron quizá los mejores momentos en Calahorra en mucho tiempo. Era junio y empezaba a hacer calor, calor de verdad, de el de ir en pantalón corto y camiseta, de el de no parar de sudar hasta en la ducha. Exprimí los días que restaban al máximo, me quería despedir de todo el mundo. Quedaba con todos mis amigos para hacer cosas, daba igual el que, hasta la más insignificante acción suponía un gozo. Fueron días de patinar, de pasear, de darle a la play hasta altas horas, de jugar a fútbol, de salir de marcha, de cenar fuera de casa. Para el resto de los amigos eran días sin importancia, como los que yo vivía antes, pero para mi eran los momentos que intentaba aprovechar al máximo, sabedor de que no iba a repetirlos en mucho tiempo.
Muchos conocidos me advertían de que lo pasaría mal en Inglaterra, que el primo de un amigo suyo les dijo que se comía muy mal allí, que el primer mes lloraba todas las noches de impotencia, y que además los ingleses son unos gilipollas. Aquello pintaba como un infierno británico con gente egoísta, malvada, insociable y que seguramente desayunaban bebés crudos. A mi todo aquello no me preocupaba demasiado, si algo me caracteriza es mi actitud pasota e impermeable ante la vida. Nada me afecta a corto plazo, soy muy adaptable.
La noche antes de marcharme hicimos una cena de despedida apoteósica. Mejor dicho me hicieron. Resultó ser la víspera del día de La Rioja, lo que significaba que nadie tendría que trabajar al día siguiente. Fiestón garantizado. La cena estuvo genial, muy buen ambiente y ninguna ausencia destacable, eran todos los que estaban y estaban todos los que son. El vino, las chuletas y la marihuana corrieron como nunca en aquella cena, al fin y al cabo un día es un día, no me iban a ver el pelo en muchos meses. Tras la cena me tenían preparada una sorpresita, nunca me lo hubiese esperado, y menos viniendo de ellos.
Me vendaron los ojos y apagaron las luces, empezaron a sonar los primeros acordes de la mítica canción de Nueve semanas y media. No daba crédito, me resistía a creerlo, no podía ser posible. Cuando me quitaron la venda de la cabeza apareció ante mi un impresionante monumento brasileño contoneándose peligrosamente mientras me miraba. Ahí estaba yo, con todos los colegas alrededor descojonándose de la cara que debía estar poniendo, imagino que no era para menos. Fue mi primer y hasta ahora último striptease. Confieso que fue toda una experiencia.
Aquella noche me daría cuenta de los grandes amigos que tengo. Después del bochorno que sufrí (soy algo tímido al principio), vinieron los cubatas en los bares hasta altas horas, muchas conversaciones a gritos, muchos besos de despedida, intercambio de direcciones de correo, abrazos y buenos propósitos. No recuerdo a que hora llegué a casa, pero era de día. Fue una de la mejores noches de mi vida, inolvidable. Por un momento me arrepentí de lo que iba a hacer al día siguiente, menos mal que sólo fue por un momento.
Apenas llevaba durmiendo dos horas cuando sonó el despertador. Un terrible dolor de cabeza acompañado de un mareo me dieron los buenos días. Era la hora, tenía que ducharme, hacerme la maleta para seis meses e ir hasta Madrid a coger un avión. Sonaba fácil, pero costó lo suyo, había que estar allí que diría aquel. Atrás quedaban viejos fantasmas, soporíferas rutinas, absurdas exhibiciones de vanidad que presenciaba demasiado a menudo. No me arrepiento de nada de lo vivido hasta aquel día, y me siento muy orgulloso de ser de donde soy, pero hay momentos en los que es necesario desconectar por el bien de uno. Yo simplemente desconecté.
Fin.
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Una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida ha sido marcharme al extranjero. Afortunadamente lo pude hacer en un momento en el que lo necesitaba de verdad, necesitaba un poco de aire fresco. Y vaya que si lo tuve. Explicaré un poco como me sentía en aquel tiempo (modo cuentacuentos: On):
Sucedió todo muy deprisa. Hablamos de finales de mayo de 2006. Estaba inmerso en mi rutina diaria, me daba igual si era martes por la tarde o sábado de madrugada. Todos los días eran iguales. Anodinos, grises y nada enriquecedores, como un eterno día de la marmota. Nada me iba mal y nada me iba bien, y exactamente eso era lo más desesperante, que nada me iba, por lo tanto nada pasaba.
No me podía quejar, tenía un trabajo, una casa, una familia que me quería (y me quiere), unos buenos amigos, un estúpido coche nuevo, no me iba mal con las chicas, aparentemente todo marchaba sobre ruedas. Pero algo en mi interior me decía que aquello no podía seguir así, aquello no era vida, al menos no para mí. Cuando tienes la sensación de que puedes mantenerte en una situación o en una época de tu vida por el resto de tus días, dejándote llevar por pura inercia, es que es hora de cambiar y romper con todo.
Si pensamos en la vida como una serie de etapas que vas superando, a mi solamente me quedaba emanciparme, tener hijos si se daba el caso y esperar la jubilación mientras me partía la espalda trabajando. Se me hacía poco con tan solo 22 años.
Vivir rodeado de conformistas te acaba convirtiendo en un conformista, es un hecho. Si la mayoría de tus amigos han dejado de luchar por un futuro mejor, si conseguir un trabajo de menos de 50 horas semanales, una novia y un coche era llegar todo lo lejos que se esperaba de ti. Yo lo había conseguido. Sí, yo era un conformista, pero no me gustaba.
Un día al llegar a casa al mediodía, mi madre me planteó la idea. Marcharme una temporada a Inglaterra, a trabajar en cualquier cosa, a desconectar durante un tiempo. ¿Marcharme a Inglaterra? ¿Quien? ¿Yo?
No voy a negar que no lo había pensado alguna vez. Recoger las cosas y largarte. Pero lo veía como algo muy improbable, difícil, utópico. Lo típico que siempre has querido hacer y te autoengañas pensando que algún día lo harás, cuando muy adentro tuyo sabes que no va a pasar nunca. Aquello no parecía encajar conmigo, pero desde entonces aprendí que las cosas encajan si tu quieres que encajen. Basta de autoengaños, eran demasiados.
Cuando en tu entorno te meten en la cabeza que sólo la gente con estudios puede pasar una temporada viviendo en el extranjero, te lo acabas creyendo. Y yo no tenía estudios. Le prometí a mi madre que lo pensaría, y a los pocos días la idea no paraba de dar vueltas en mi cabeza, tan reiterativa como seductora.
Por fin podría escapar de aquella cárcel sin rejas. Imaginaba hipotéticos escenarios en los que me veía triunfando en el extranjero, lejos de casa, la tierra prometida, demostrando de una vez por todas que yo tenía razón y los demás estaban equivocados. Cual profeta iluminado.
Es sorprendente cuantas tonterías te dan por pensar en el trabajo cuando tu trabajo no consiste en pensar. Entre ensoñaciones y pajas mentales decidí que tenía que dar el paso. Tenía que dar un puñetazo sobre la mesa de mi destino y salir de aquel maldito pueblo, aunque sólo fuera por un tiempo.
Pasados cinco días de aquella conversación con mi madre todo estaba decidido. Era ahora o nunca, e iba a ser ahora. Un par de entrevistas después y alguna gestión de por medio fueron suficientes para conseguir un trabajo allí. A partir de ahora iba a ser cocinero, yo, una persona que sólo sabía hacerse tortillas de jamón para cenar. Curiosamente el criterio de selección para trabajar en aquel pequeño restaurante exigía de todo excepto habilidades en la cocina. Más tarde descubriría porqué.
Dejar el trabajo no fue difícil. Mis jefes (uno de los cuales era mi padre) estaban de acuerdo en que aprender inglés me beneficiaría a mi, y beneficiaría después a la empresa, en caso de que volviese. Últimamente se estaban creando demasiadas tensiones allí, y me empezaban a afectar. Con algún compañeros faltó muy poco para acabar a hostia limpia. Una soleada mañana firmé los papeles y me convertí en un hombre libre.
Continuará…

- Que dios nos pille confesaos
Saltó la noticia. Primero fue una cortinilla al final del episodio de ayer en House, yo que estaba en ese momento viendo la tele con mi novia después de cenar me quedé con la boca abierta (también se me cayeron los cojones al suelo, pero eso sólo lo noté yo). Me costaba imaginar a Jack, Sayid, Kate y compañia mientras aparece la voz en off que dice “las series eligen Cuatro”.
Pues bien, esta tarde en Fama a bailar se ha confirmado. La cadena de televisión Cuatro será la encargada de maltratar emitir a partir de ahora la mejor serie de la historia (así, sin discusión). Dicen que lo harán desde la primera temporada, por lo que a dos capítulos por semana según mis cálculos más optimistas veremos la actual quinta temporada a finales de 2011 con algo de suerte, si antes no se aburren y la cancelan.
Este hecho no va a cambiar para nada mi hábito de levantarme temprano los jueves por la mañana (10:00/11:00 am) para coger el Macbook y el coche, y desplazarme hasta un punto wi-fi estratégico que hay en plena calle para descargar el último episodio crujientito recién emitido. Mucha gente me dice que soy un friki por hacer eso. Discrepo, soy simplemente un maldito enfermo.
Si de algo estoy seguro con la futura emisión de Lost en Cuatro, es que va a aumentar exponencialmente el número de personas que dicen esto:
Amigo/a al que probablemente le encantase la serie
- ¿Perdidos? Buah, es una mierda, yo he visto algún capítulo suelto y es una paranoia, no entiendo nada. Prefiero Los hombres de Paco.
Yo
- Esto… sí… la verdad es que está guapa esa serie también… sí… (Ira y fuego recorren mi cuerpo)
